
06 · Profesionistas
¿Se puede ser católico y exitoso?
¿Está mal querer crecer profesionalmente?

Por Padre Adolfo María · 1 de septiembre de 2026
Hay una idea equivocada que a veces aparece entre los católicos:
“Si quiero mucho dinero, quizá no estoy siendo buen cristiano.”
Pero también existe el extremo contrario:
“Lo importante es ganar dinero, aunque tenga que hacer lo que sea.”
La respuesta cristiana está en otro lugar.
El problema no es tener bienes. El problema es convertirlos en nuestro dios.
Dios no está peleado con tu profesión
Si eres médico, puedes servir a Dios siendo médico.
Si eres abogado, puedes servir a Dios siendo abogado.
Si eres arquitecto, empresario, ingeniero, contador, maestro, diseñador o comerciante...
también puedes vivir tu fe allí.
Tu profesión no es un lugar donde tienes que esconder que eres católico.
Puede convertirse en un lugar donde tu fe se haga visible mediante tu manera de trabajar.
¿Cómo?
Haciendo bien tu trabajo.
Tratando dignamente a las personas.
No engañando.
No robando.
No aprovechándote de alguien.
Cumpliendo tu palabra.
Reconociendo tus errores.
Pagando justamente.
Respetando al trabajador.
Y entendiendo que el éxito no se mide solamente por cuánto dinero tienes.
El peligro de convertir el éxito en un dios
Podemos comenzar diciendo:
“Quiero crecer.”
Después:
“Necesito ganar más.”
Después:
“Necesito ganar todavía más.”
Y finalmente:
“No importa lo que tenga que hacer.”
Ese es el momento peligroso.
Porque ya no somos nosotros quienes tenemos dinero.
El dinero comienza a tenernos a nosotros.
¿Qué significa entonces tener éxito?
Para un cristiano, el éxito profesional no puede separarse de la dignidad humana.
Puedes ganar dinero.
Puedes tener una gran empresa.
Puedes crecer.
Puedes ser reconocido.
Pero la pregunta final será:
¿Qué hiciste con lo que Dios puso en tus manos?
Para vivirlo en serio
Antes de comenzar tu jornada laboral, haz esta oración:
“Señor, hoy pongo mi trabajo en tus manos. Ayúdame a hacerlo bien, a tratar a cada persona con dignidad y a utilizar mis talentos para servir. Que mi trabajo también sea una forma de amarte. Amén.”
Para pensar
Si Jesús estuviera sentado junto a mí durante toda mi jornada laboral, ¿cambiaría algo de mi manera de trabajar?
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